¿Por qué bailamos en mayo?


Warum tanzen wir eigentlich in den Mai?

A veces basta con un momento así, y los niños notan enseguida que hoy hay algo diferente.

Seamos sinceros:
El «Baile de mayo» se celebra cada año, de una forma u otra.
Te enteras de que se celebra, quizá ves por ahí música, luces, gente en la calle… y, si tienes dudas, simplemente te unes un poco a la fiesta.

Pero si un niño pregunta de repente: «¿Por qué bailamos en mayo, en realidad?»

Entonces uno se da cuenta enseguida de que la respuesta no es tan clara.

La explicación sencilla

Bailamos para dar la bienvenida al mes de mayo porque, desde hace mucho tiempo, la gente ya celebraba la primavera.
Y lo hacemos justo en el momento en que uno se da cuenta de que el invierno ha terminado de verdad.

Lo que había detrás en aquel entonces

Antes, el invierno era algo más que frío y oscuridad. Era largo, a menudo agotador y, sobre todo, se notaba.

Cuando los días volvieron a ser más luminosos, eso supuso un auténtico punto de inflexión.

La noche del 30 de abril al 1 de mayo, la Noche de Walpurgis, se aprovechaba precisamente para eso:
para dejar atrás el invierno y dar la bienvenida a la primavera.
Con fuego.
Con música.
Y, por supuesto, también con baile.

No como una fiesta, sino como un símbolo: Ahora empieza algo nuevo.


¿Por qué precisamente el baile?

Bailar es, en realidad, bastante sencillo.
Lo que necesitas es:
ninguna regla,
ningún objetivo,
ni un momento perfecto.

Y eso es precisamente lo que lo hace tan adecuado.
Porque una transición —como la del invierno a la primavera— rara vez parece algo planeado.
Simplemente ocurre.

El baile es una forma de plasmar precisamente eso.

¿Es algo que solo hacemos nosotros en Alemania?

No del todo.
En muchos países existen costumbres similares, solo que con otros nombres.
Por ejemplo, en Irlanda y Escocia se celebra la fiesta de primavera de Beltane. Allí también se trata del fuego, el nuevo comienzo y el inicio de la estación cálida.
Y en Suecia, la gente se reúne alrededor del árbol de mayo, canta y celebra juntos al aire libre.

La idea es similar en todas partes: el invierno se va… y la vida vuelve.


¿Y hoy?

Hoy en día, en el «Baile de mayo», ya casi nadie piensa en los antiguos rituales.
Y, sin embargo, nos resulta familiar.
Quizá porque seguimos conociendo esa sensación:
de que algo está cambiando.
El aire es diferente.
Las tardes se alargan.
Se vuelve a pasar más tiempo al aire libre.

Es como si el año se tomara un breve respiro.

¿Y qué pasa con los niños?

Con niños, una tradición así rara vez se convierte en un gran evento.
Más bien es un momento especial.
Quizá suene música de fondo.
Quizá alguien se ponga a bailar sin más.
Quizá solo sean unos minutos antes de que la rutina vuelva a imponerse.

Y, sin embargo, los niños se dan cuenta con bastante precisión de que: Hoy es un poco diferente.
No porque todo sea perfecto.
Sino porque uno lo percibe conscientemente.

Quizás ese sea precisamente el quid de la cuestión

No hace falta celebrar a lo grande el baile de mayo para entenderlo.
Basta con dejarse llevar un rato.
Un poco de música.
Una ventana abierta.

Un momento que se vive con más ligereza de lo habitual.

Y quizá esa sea precisamente la razón por la que esta costumbre sigue existiendo: porque nos recuerda que no siempre hace falta mucho para que algo nos resulte nuevo.